La piel es nuestro órgano más grande y actúa como una barrera protectora frente al mundo exterior. El cuidado natural se basa en la premisa de que no deberíamos poner en nuestra piel nada que no pudiéramos, en teoría, ingerir. Los aceites vegetales, las arcillas y los hidrolatos son los protagonistas de esta rutina sostenible.
Las preparaciones caseras deben probarse en una pequeña área de la piel antes de su uso general para descartar sensibilidades. No sustituye el diagnóstico de un dermatólogo.